“¿Qué más da mi pasado ahora? El pasado, pasado está”

“El pasado, pasado está” es una frase popular que invita a aceptar que lo que sucedió ya no se puede cambiar y a dejar atrás lo que ya pasó. Nos impulsa a enfocarnos en el presente y a darnos cuenta de lo que tenemos hoy. Sin embargo, puede tener una parte negativa: la de invalidar nuestras emociones. Porque todos sabemos que hay experiencias que, aunque formen parte del ayer, siguen vivas en nosotros. Nos arrastran, nos afectan, nos sobresaltan. Por eso, más que ignorarlo, necesitamos atender al pasado. Porque cuando nos sigue influyendo… ese pasado es presente. Y no siempre se puede dejar atrás sin un poco de ayuda.

Durante las primeras sesiones, me interesa saber qué te está pasando ahora, desde cuándo te ocurre y qué te gustaría conseguir con la terapia. Tras recabar esta información inicial, comenzamos a explorar sobre tu historia de vida: lo que has vivido hasta llegar aquí. A través de cartas asociativas -imágenes o dibujo- y con la Línea de Vida, vamos explorando recuerdos y voy descubriendo cómo narras tu propia vida. Cumpleaños, viajes, celebraciones, momentos de encuentro y logros alcanzados. Pero también despedidas, fallecimientos o situaciones dolorosas.

Es decir, necesito conocer tu historia: qué ha pasado y cómo te has sentido en relación a eso que ha pasado. Solo así podré saber qué tipo de pensamientos sueles tener sobre ti misma y sobre los demás, cómo está tu autoestima, cómo afrontas los conflictos y retos de la vida, entre otros aspectos importantes.

Porque si solo conozco lo que te sucede ahora, me pierdo el contexto que da sentido a esa experiencia. No podré entender el impacto de ese tipo de situaciones en ti.

Imagina a Claudia, una mujer de 31 años que ha quedado con sus amigos el sábado. Les ha dicho que le apetece quedar porque está un poco desanimada y le conviene distraerse fuera de casa. Llega el sábado y uno no se pronuncia en todo el día, y el otro le cancela una hora antes porque está muy cansado. Tras esto, ella reacciona poniéndose a llorar y les escribe de forma agresiva que durante una temporada no va a querer quedar con ellos. Incluso se despide.

Desde fuera, puede parecer desproporcionado. Si nos quedamos solo con lo que le pasa, podríamos trabajar la regulación de la tristeza y el enfado, y las habilidades de comunicación para que aprenda a expresarse de forma respetuosa. Listo. Termina la consulta.

¿Crees que está todo resuelto? ¿Y si mañana vuelven a cancelarle un plan? Vale, seguro que responde ligeramente mejor poniendo en práctica lo que le he enseñado, ¿pero cómo se siente ella? ¿Cuál es su nivel de malestar y cuánto esfuerzo tiene que hacer para manejarlo?

Desde un enfoque integrador, donde también se valora nuestro recorrido, podemos adentrarnos en lo que te ha sucedido con este tipo de preguntas:

¿Cuándo sentiste que no eras importante o especial?

¿Recuerdas la primera vez que te sentiste rechazada?

¿Cuántas veces sentiste que había otro plan mejor que tú o que eras fácilmente reemplazable?

Ahora sé que a Claudia le dejaron de hablar sus mejores amigas en el colegio. También sé que, tras el divorcio de sus padres, su madre solía irse con sus amigos el fin de semana y no pasaba tiempo con ella y su padre conoció a una pareja y se centró en ella. Tampoco pasaba tiempo con ella. Seguramente, en su mundo de niña y adolescente, sintió que no era importante muchas veces y que había alguien mejor a quien dedicarle tiempo.

Vuelve a mirar a Claudia. ¿Entiendes por qué reaccionó así? La situación del presente no solo acumula el “no” de sus amigos, sino todos los que ha recibido. Esos rechazos han reforzado una creencia profunda: la de no sentirse importante, la de pensar que es fácilmente reemplazable.

Cuando respondemos ante el mundo, lo hacemos desde nuestros aprendizajes y experiencias. La mente recurre al contenido que ya tiene. Por eso, si lo que me cuentas activa o dispara algo en ti que desconozco – algo que forma parte del pasado y “el pasado pasado está”-, no sabré a qué suena en tu historia de vida y no podré entender del todo qué significa para ti. Para ayudarte realmente, necesito saber qué viviste y cómo marcó tu forma de sentir y de interpretar lo que ocurre hoy.

¿Y entonces cómo se trabaja?

Vamos a sanar las heridas emocionales y, al mismo tiempo, vas a aprender herramientas para gestionar tus emociones, pensamientos y sensaciones en el presente. Pero lo haremos conectando con lo que eso significa para ti, con tu historia personal. Así podrás responder desde la adulta, y no solo reaccionar desde la herida sin pensar, como en un acto reflejo.

En todo momento trabajamos tu presente, pero con una mirada puesta en el pasado. Porque cuando estas experiencias no se han sanado, el pasado no se queda atrás: se repite, se cuela en el ahora y se convierte en presente.

Si te interesa conocer cómo abordo el pasado partiendo desde el presente, te invito a leer más en Terapia psicológica online.

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