En este artículo te explico por qué la ansiedad puede manifestarse de muchas formas y cómo empezar a entender su mensaje.
Es habitual escuchar frases como:
“Duermo mal y me cuesta concentrarme… será ansiedad.”
“Es que tengo ansiedad.”
Y en consulta ni te cuento.
La ansiedad se ha convertido casi en un idioma compartido. ¡Y me alegro! Nos sirve para nombrar un malestar difuso, para ponerle palabras a lo que no entendemos o incluso para explicar por qué nos cuesta tanto estar bien. Pero, aunque la ansiedad sea una experiencia muy común, quiero que sepas que la ansiedad no es el problema, sino el mensajero.
La ansiedad no aparece porque sí
Es una respuesta natural del cuerpo cuando percibe (de forma consciente o no) que algo no está bien. La ansiedad, en este sentido, no es un enemigo, sino una señal o la forma que tiene tu cuerpo de decirte: “hay algo que necesita ser mirado”.
Cuando tu cuerpo percibe una amenaza —aunque solo sea emocional, como cuando sientes que tu pareja podría dejar la relación—, activa el mismo mecanismo que te haría correr si estuvieras ante una amenaza o peligro físico, como cuando tienes que correr al escuchar un ruido fuerte: el corazón late más rápido, los músculos se tensan, la respiración se acelera, hay sensación de amenaza, preocupación, etc.
Si este mecanismo se mantiene durante demasiado tiempo, el cuerpo carga con una alerta crónica que acaba afectando a toda la salud y a toda tu vida.
Aunque, la ansiedad no siempre se presenta como nervios o inquietud. A veces aparece como irritabilidad, otras como cansancio, apatía o una sensación constante de no estar del todo bien. Incluso puede mostrarse en el cuerpo: insomnio, digestiones pesadas o dolores sin causa médica clara.
Todo -y más- lo hace nuestro cuerpo para decirnos que hay algo amenazante en nuestra vida.
Y, detrás de la ansiedad suele haber mucho más que nervios. Puede haber:
- Autoexigencia.
- Un ritmo de vida que no da espacio a la pausa.
- Heridas de la infancia no resueltas, como no haberse sentido vistas, seguras o validadas.
- Rupturas sentimentales, pérdidas.
- Problemas laborales y económicos.
- Una tristeza que no te has permitido sentir, una rabia que te da miedo expresar, o un cansancio profundo que lleva demasiado tiempo ignorado.
Cuando el cuerpo habla antes que la mente
En el cuerpo no hay nada malo, solo está haciendo su trabajo: protegerte para sobrevivir. La ansiedad es su forma de decirte: “no me siento a salvo”, y puede estar apuntando al miedo a perder tu trabajo, a que tu pareja termine la relación, a no encajar, a decepcionar a alguien, a que al poner un límite alguien pueda enfadarse, etc. Hablamos de esta supervivencia.
Y cuando el cuerpo no se siente seguro, la mente no puede estar tranquila. Por eso la ansiedad pueda teñirlo todo: las relaciones, el trabajo, las decisiones cotidianas o incluso la manera de mirarte a ti misma.
Decir “tengo ansiedad” es solo el principio (y ya es mucho)
No se trata de eliminar la ansiedad, sino de entender qué intenta decirte. De observar cuándo aparece, qué la activa, cómo se siente en el cuerpo y qué te pide. De empezar a relacionarte con ella.
Cuando dejamos de luchar contra la ansiedad y empezamos a escucharla con curiosidad, el cuerpo puede empezar a dejar de lanzar señales tan intensas, porque entiende que hemos recibido el mensaje y estamos atendiendo. Aun así, sigue en guardia – como buen protector que es-.
Ahí es donde la terapia cobra sentido: no para eliminar los síntomas, sino para dar un espacio a lo que intentan comunicar, descubrir la historia que cuentan y aprender a manejar las emociones. Solo con darle un espacio, suele aparecer una sensación profunda de alivio.
La ansiedad como puerta hacia ti
La ansiedad puede estar en todo cuando el cuerpo lleva demasiado tiempo intentando decir algo que nadie escuchó.
Porque está hecha de vida, de protección, de experiencias pasadas y de la necesidad profunda de sentirte a salvo.
Porque al final, la ansiedad también puede ser una puerta hacia ti misma.
Si sientes que la ansiedad ocupa demasiado espacio en tu vida, quizás ha llegado el momento de entender qué intenta decirte y empezar a construir, poco a poco, un lugar más habitable dentro de ti.
Puedes empezar hablando conmigo en una llamada de valoración sin coste, escribiéndome aquí.