| Te escribo a ti. Que me escribiste dudando si era buena idea pedir ayuda. A ti que llegaste diciendo “no sé por dónde empezar”. A ti que me llamaste con poca esperanza por haber estado con otros psicólogos. A ti que aún no lo has hecho, pero te ronda la idea. Quiero decirte que nadie te enseñó a entender lo que sientes, a tener relaciones más sanas, a poner límites… y aunque a veces creas que nunca vas a dejar de sufrir, que no avanzas lo suficiente, que estás atrapada en el pasado… lo estás haciendo lo mejor que puedes y estás cada vez más cerca de poder vivir de otra manera. Tu historia no se parece a ninguna otra. Ni tu proceso tampoco. Se me quedará grabado lo esencial de lo que hemos hecho, y cuando pasen algunos años, sé que me seguiré acordando del motivo por el que viniste, de las fortalezas con las que contabas (aunque no te dieras cuenta en ese momento) y de todo lo que trabajamos. Quiero que sepas que pongo toda mi energía y atención en entender qué te pasa, cómo has llegado hasta aquí y qué necesitas. A veces no sé ni cómo lo hago, la verdad. Pero dentro de mí desde el principio ya surge un profundo respeto por todo lo que te ha traído hasta aquí. Me gustaría poder viajar atrás, colarme en alguna situación que viviste y transmitirte que no te merecías eso y que eras importante. Pero no puedo hacer viajes al pasado, ni tampoco cambiar los hechos que ocurrieron, ni darte todas las respuestas a tus inquietudes, pero sí puedo acompañarte a que juntas miremos lo que pasó y encontremos nuevas formas de relacionarte con tu vida. En consulta, a veces te cuento experiencias que he vivido, que creo que te pueden ayudar. A veces me emociono contigo, o me cabrea algo que me cuentas, o nos reímos juntas. Te aseguro que durante y después de cada sesión, reviso lo que he hecho, lo que eso te ha podido aportar y lo que puedo hacer mejor. Cuando estoy en algún curso formándome, salgo con ganas de poner en práctica contigo algo que he aprendido y con la ilusión de que eso te pueda ayudar. Otras veces, estoy leyendo un libro y pienso en recomendártelo en cuanto nos veamos. También cuando cocino, me vienes a la mente y me acuerdo de ti y de tu lucha con la comida y con tu cuerpo. O cuando voy a la playa y recuerdo lo que te gusta el mar. O cuando vivo algo parecido a ti. Pienso en ti y me importas. Aunque te confieso que a veces creo que no soy suficientemente buena para ti, para lo que tú te mereces. Siento que no quiero defraudarte como psicóloga. Quiero que tu niña, adolescente y adulta estén bien. Pero luego cojo todo eso y lo convierto en un motor para acompañarte aún mejor y para ver todo lo que sí que estoy haciendo, y es por lo que vuelves a sesión una y otra vez y por lo que en cada etapa vemos algún progreso. Créeme que para mí lo que me compartes es un tesoro muy valioso que sostengo y recojo con sumo cuidado. Aquí voy a seguir: porque confío en ti, en tu proceso y en tu capacidad para estar mejor, incluso más allá de lo que alcanza mi terapia. Si quieres empezar tu proceso, te acompaño. Reserva una llamada de valoración sin coste. |