La psicología, tal como la conocemos hoy, lleva muy poco tiempo en nuestra sociedad. Y eso se nota mucho.
A día de hoy, todavía hay personas que ocultan a sus familiares que van a terapia “porque se preocuparían demasiado”. Otras llegan a su primera sesión llenas de nervios, preguntándose si esto será para ellas. Muchas creen que algo en ellas “no funciona”, que han fallado o que son débiles por sentirse como se sienten.
Y sinceramente, me da mucha pena. Por eso, tanto en consulta como en lo que comparto en redes, intento hablar de esto.
Aún hay quien piensa que la terapia es solo para quienes tienen un diagnóstico, cuando en realidad, la mayoría de personas que acuden a consulta se parecen mucho a ti (y a mí): se sienten insatisfechas con su relación de pareja y no saben qué hacer, tienen miedo de dejar un trabajo y equivocarse, se culpan por haber permitido que le trataran mal, etc.
Y también hay personas que llegan a consulta “rebotadas” de otras terapias en las que no se sintieron comprendidas, acompañadas o cuidadas. Me lo cuentan con desilusión… y me lo creo. Porque, como en todas las profesiones, hay profesionales mejores y peores. Hay psicólogos que han dejado de formarse o que repiten discursos culpabilizadores como“Si estás mal es porque no has superado tu pasado” o “Tú misma te estás generando tu malestar”.
El contacto que muchas personas tienen con la psicología es el personaje frío de una serie, el terapeuta distante que solo toma notas y dice “ajá” de vez en cuando. O el amigo que fue a terapia «solo a hablar, no le sirvió de nada y encima se dejó una pasta».
Con este panorama, es difícil que nos apetezca acercarnos a la psicología. Aún parece algo lejano, tabú, ajeno, misterioso. Desde pequeños, nadie nos enseña a hablar de nuestras emociones, de lo que nos duele, a gestionarlo, a reconocer nuestros recursos…
Con todo esto que te cuento, es comprensible que tanta gente llegue a terapia cuando ya no pueden más. Cuando han pasado años intentando aguantar, convencidas de que podían solas. Y claro, cuando el dolor ha estado tanto tiempo sin atender, recuperarse suele ser más lento. Es como cuando te duele la espalda durante meses, pero no vas al médico. Hasta que un día el dolor es tan fuerte que ya no puedes caminar sin que te duela cada paso. En ese punto, claro que el médico te podrá ayudar, pero le costará más que si hubieras acudido al primer síntoma.
Imagina lo que supone para muchas personas llegar a terapia con décadas de sufrimiento a cuestas.
Por eso he querido escribir este post, para hablar del desconocimiento con el que cargamos y acercarte un poco a lo que pasa dentro de una sesión. Por ejemplo: alguien llega con un conflicto en el trabajo, especialmente se da con algunos de sus compañeros. Lo que quizá imagines que haga en la sesión es algo así como:
“Con lo que te ha costado conseguir ese puesto, no lo tires todo por la borda por unos compañeros. Aguanta, que ya se pasará.”
O:
«Lo mejor es dejarlo. ¿Buscas trabajo desde mañana?
Pero lo que realmente hago se parece más a:
“Entiendo lo mucho que te está afectando esta situación. Es totalmente comprensible. Por lo que me cuentas, parece que hay una parte de ti que quiere mantener el trabajo y evitar conflictos, y otra que está muy enfadada con todo lo que está ocurriendo. ¿Te parece si escuchamos a ambas?”
Mi trabajo como psicóloga no es darte soluciones mágicas ni tomar decisiones por ti. Tampoco puedo pasar el proceso por ti. Pero sí puede acompañarte a mirar con más perspectiva, para que escojas lo que más se alinee contigo, desde tu parte más sabia, que es inherente a ti.
Tal y como yo trabajo, mi labor se va a parecer más a dar espacio para escuchar con aceptación y sin mirada crítica, ayudarte a encontrar la claridad para mirar lo que te ocurre y acompañarte en todo el proceso de lo que viviste y sentiste, tanto ayer como hoy.
Ser psicóloga es maravilloso. Diría que es una forma de vida, que transciende las paredes de la consulta. Siento que me permite crear un mundo más equilibrado, empático y conectado. Eso se nota desde la primera sesión. Por eso muchas personas salen con otra energía de esos primeros minutos conmigo: porque ya se sienten más seguros, esperanzados y sobre todo, ya no están solos.
Si estás pensando en empezar tu proceso, estaré encantada de resolver todas tus dudas y mitos sobre la terapia psicológica. Escríbeme aquí.