¿Qué te mueve? ¿Qué hace que te sientas viva? ¿Qué hace que tengas bajos, pero también altos y disfrutes de esas vistas? Las emociones. Son un indicador que te da una información valiosísima.
Por mi experiencia clínica, normalmente las personas vienen a consulta cuando sus emociones se desbordan y no las entienden ni saben qué hacer con ellas. Seguramente, han estado dando señales que han ido progresivamente a más. Es decir, si nosotros no tenemos una adecuada regulación emocional, estas empezarán llamando al telefonillo del portal, luego llamarán al timbre de la casa, después nos dejarán una notita en la puerta, luego tocarán con insistencia la puerta, después darán golpes en ella y acabarán tirándonos una piedra a la ventana. Y nunca ocurre de un día para otro.
Es muy habitual que muchas personas acudan a consulta pidiéndome que les ayude a quitarse emociones desagradables de encima. Como si se tratara de una astilla que puedes extraer. La noticia que muchas veces les incomoda es que yo (ni nadie) puede hacerlo. Si eso ocurriera podríamos controlarlas o dominarlas y…¿qué ocurriría? Nada bueno. Imagínate estar mal en una relación laboral o sentimental y no enterarte ni salir de ahí porque hemos suprimido las emociones. Sí, puede sonar agradable, pero nos extinguiríamos como los humanos que somos hoy, seríamos otra cosa. Imaginq que tampoco pudieras sentir la alegría inmensa de haber aprobado una oposición o conseguir ese puesto de trabajo que tanto deseabas. O, imagina que no puedes sentir ese alivio tras creer que iba a pasar algo malo y al final no ocurre nada de eso. O que no sientes nada con la música o con el cine. Eso no suena tan bien, ¿verdad? Seríamos como robots y daría mucho miedo (ideal para un capítulo de Black Mirror, por cierto).
La evolución no ha eliminado las emociones, como sí que ha eliminado otras cosas que ya no nos servían, porque siguen siendo útiles y necesarias para la sociedad que tenemos. No te voy a dar muchos detalles de la evolución, que me encantan, pero cada una de las emociones tiene una función esencial para nosotros, para sobrevivir, adaptarnos al entorno y vincularnos con los demás. Hay muchas emociones pero te voy a hablar de las funciones de las que creo que más te pueden interesar:
- Tristeza
Su función es avisarte de una pérdida, invitarte a reflexionar sobre lo ocurrido, buscando consuelo dentro de ti y apoyo en los demás para adaptarte a esa nueva realidad.
- Enfado
Su función es avisarte de una injusticia y/o agresión, dándote energía para defender tus derechos y necesidades, ayudándote a expresarte y a poner límites.
- Miedo
Su función es avisarte de algo peligroso para que te protejas de ello, ya sea huyendo, luchando o congelándote. Cuando el peligro está en el futuro, también ayuda a anticipar y a planificarte.
- Alegría
Su función es avisarte de algo bueno para ti, llevándote a celebrarlo.
- Vergüenza
Su función es regular el comportamiento social, para que se adapte a las normas de una comunidad, protegiendo la pertenencia a un grupo y el mantenimiento de un vínculo.
- Culpa
Su función es avisarte de tus errores, para poder repararlos y hacer las cosas mejor con los demás, actuando en coherencia con nuestros valores.
- Envidia
Su función es avisarte de que hay un deseo propio que no está satisfecho. Es como un espejo en el que podemos ver lo que queremos conseguir.
- Frustración
Su función es avisarte de que no has conseguido lo que esperabas, indicando la distancia entre lo que deseabas y has logrado. Nos empuja a ver si hay que aceptar o si hay que revisar expectativas, estrategias o recursos.
- Tranquilidad
Su función es avisarte de la seguridad y de que estás a salvo, favoreciendo la conexión con uno mismo.
- Asco
Su función es protegerte de lo que te puede ser tóxico o dañino para ti, tanto física como emocionalmente, señalando lo que rechazas profundamente.
Estas son solo algunas de todas las que hay. La realidad es que aunque te parezcan muchas todavía quedan muchas más. ¡Qué abanico tan amplio! Todas las has sentido porque las emociones son biológicas, las tienes en ti, pero no sabes sus nombres. Si yo te hablo de la soledad, la incomprensión, la ternura, la satisfacción, el placer, la irritabilidad, el desamparo, la ilusión, el arrepentimiento… me podrías poner un ejemplo de situaciones en las que las hayas sentido. Ahora solo toca ponerles nombre y conocer sus funciones.
Y también, te animo a que dejes de decirte lo que tienes que sentir y lo que no, durante cuánto tiempo, dónde y cómo. Deja de tapar las emociones, huir de ellas, negarlas, anestesiarte… Deja de vivir en una constante pelea en tu interior.
Ellas van a seguir ahí y no te queda otra opción que aprender a convivir con ellas. Es necesario saber regularlas pero… ¿cómo vamos a aprender a regularlas si ni siquiera nos permitimos sentir lo que sentimos? Si no dejamos estar ahí las emociones, el resto de procesos tampoco tendrán lugar. Aunque el problema de no permitirse sentir no solo afecta a las emociones desagradables. A veces también se da en las emociones agradables: hay muchas personas que no se permiten sentir placer, disfrutar, reír, descansar o mostrar cariño, porque se creen egoístas o que no se lo merecen.
Para tener una buena regulación emocional, debemos escuchar por igual a todas nuestras emociones.
La regulación puede aprenderse, pero no hay soluciones mágicas. Aunque con un trabajo consciente se pueden cambiar muchas cosas.
Los pasos básicos serían:
- Ser consciente de tus emociones (apertura emocional).
- Permitírtelas sin juzgarlas. Hola, me voy a sentar contigo.
- Atenderlas y escucharlas. ¿Qué haces por mí?
- Entender su mensaje, para lo que es fundamental conocer sus funciones. ¿Qué necesitas que entienda?
- Ayudarte con lo que sientes y actuar. ¿Qué necesitas que haga?
Las emociones son una oportunidad de aprender sobre nosotros. Ahora bien, para entender nuestras emociones es importante conocer nuestra historia porque en los inicios de un patrón de regulación emocional suele haber muchas claves para manejarlas. Para ello, puede ser útil preguntarse:
¿Cuándo empecé a manejar así mis emociones y qué estaba pasando en esa época?
Por lo tanto, sí, vas a seguir siendo humana. Pero vas a aprender a estar bien: sintiendo y haciendo algo con lo que sientes. Vas a dejar esa relación porque con esa persona te sientes triste e insegura; vas a reparar el fallo de no haber hablado mal a tu mejor amiga porque te sientes culpable y vas a estar muy bien con tu compañero de trabajo que te echa una mano en un mal día porque sientes gratitud.
Sé que esto es todo un viaje pero este es el primer trayecto.
Si no puedes sola, te acompaño. Te explico cómo en una primera sesión gratuita.