Solo hablar no cura

La terapia tradicional se ha basado en la palabra, la narrativa, la interpretación… Y aunque hablar sigue siendo una herramienta muy poderosa (y el inicio para poder encontrarse bien), cada vez más personas en terapia descubren que hablar no siempre es suficiente y que solo hablar no cura.

Hablar nos permite darle voz a lo que hemos vivido – incluso a lo más doloroso -, nos permite entender nuestra historia, identificar patrones, incluso sentirnos momentáneamente aliviadas al entender que no elegimos sentirnos así, si no que es nuestra mente la que reacciona así para protegernos… Sin embargo, podemos hacer todo eso y seguir reviviendo las mismas reacciones automáticas, sensaciones corporales y estados emocionales. ¿Por qué? Porque el trauma no solo está en la historia que contamos. El trauma está en el cuerpo que la vivió. Hay una frase que me encanta que es “El cuerpo lleva la cuenta” y es que, aunque no recuerdes con palabras lo que viviste, tu cuerpo sí lo recuerda. Atendiendo al cuerpo podremos ver la historia global y sanar.

Las experiencias traumáticas se almacenan en zonas del cerebro en los que no hay palabras, solo sensaciones y reacciones automáticas. Cuando ocurrió el suceso traumático, fue tan intenso, que el sistema nervioso se puso en modo supervivencia, activando mecanismos de los que ya hablaremos más adelante, que son: lucha, huida, congelación o parálisis. Y el cuerpo, ha quedado en un estado de alerta crónica, aunque ya no haya peligro real, y no ha registrado aún que la amenaza terminó. Por este motivo, sigue activando esas respuestas para protegerte. Es decir, el trauma no es únicamente el evento doloroso, es también la respuesta del cuerpo que se ha quedado atrapada ahí. Tu sistema nervioso aún no ha sido actualizado y sigue intentando que sobrevivas con las herramientas que aprendiste. Es por eso por lo que puedes vivir permanentemente en tensión, hipervigilante, a la defensiva, con ganas de escapar y protegerte o esconderte, o emocionalmente anestesiada.

Por este motivo, no podemos trabajar solo con la narrativa, porque el trauma no se resuelve solamente con la parte más racional. Hay que integrar el idioma del cuerpo, como son el nudo en la garganta cuando no pones el límite que deberías poner, la sensación de vacío en el estómago cuando sientes que no importas a los demás, la opresión en el pecho cuando recibes una crítica, etc. Trabajamos con las dos: con la palabra o la memoria más consciente, y el cuerpo con la memoria inconsciente.

Sanar el trauma no es borrar el pasado, sino enseñarle a tu cuerpo que ahora está en el presente, que el peligro ya ha pasado y que ahora está a salvo.

Algunos enfoques terapéuticos trabajan con este enfoque. A mí me gusta mucho trabajar con EMDR, y quienes vienen conmigo a terapia saben de lo que hablo muy bien ya que es habitual que ponga mucha atención a lo que siente el cuerpo y a dónde lo siente. Siempre pongo un ejemplo y digo que qué diferencia hay entre contar lo que le pasó a alguien conocido a contar lo que nos pasó a nosotros: las sensaciones en el cuerpo. Cuando contamos algo de forma lógica o de forma verbal sin conectar con el cuerpo –como si habláramos de lo que le pasó a otra persona- estamos trabajando de forma superficial y falta introducir al cuerpo. Cuando sentimos en el cuerpo, estamos conectando con todo lo que rodea al evento.

El cuerpo nos habla y cuando nos comunicamos con él, nuestra salud física y mental se transforma.

Volver al cuerpo no es fácil, ni rápido. Requiere paciencia y compasión. Y, en un mundo que intenta cada vez ir más acelerado y tapar el dolor, requiere dejar de pelearte con tus síntomas para empezar a escucharlos.

Si sientes que “ya has hablado mil veces” pero algo sigue sin cambiar, no es que estés haciéndolo mal o que haya algo malo en ti. Es que ha llegado el momento de incluir al cuerpo en tu proceso, de invitar a tu sistema nervioso a experimentar una seguridad que quizás nunca conoció, creando acceso a redes de memoria de seguridad.  

Para estar más conectado a tu cuerpo, te animo a que:

  • Escuches tu respiración unos segundos al día sin intentar cambiarla. Solo nota cómo es.
  • Observa tu postura corporal.
  • Sientas tus pies en el suelo.

Espero que puedas estar más conectada con tu cuerpo y que pueda recibir la atención que se merece.

Si quieres empezar a trabajar atendiendo al cuerpo, reserva tu primera sesión gratuita.

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